
José Antonio Ramos Sucre
Ficha bibliográfica de José Antonio Ramos Sucre:
Nace en Cumaná-Oriente venezolano (1890-1930)
Descendiente del Mariscal Sucre. Profesor de Latín y Griego y traductor en la Cancillería de Venezuela en
Bruselas, donde residía como Cónsul venezolano.
Murió en esa ciudad, el 13 de junio del 1930.
Obra:
LA TORRE DE TIMON
LAS FORMAS DEL FUEGO
EL CIELO DE ESMALTE
TRIZAS DE PAPEL
PRELUDIO :
Yo quisira estar entre vacías tinieblas, porque el mundo
lastima cruelmente mis sentidos y la vida me aflige, impertinente
amada que me cuenta amarguras.
Entonces me habrán abandonado los recuerdos: ahora huyen
y vuelven con el ritmo de infatigables olas y son lobos aullantes
en la noche que cubre el desierte de nieve.
El movimiento, signo molesto de la realidad, respeta mi fantástico
asilo; mas yo lo habré escalado de brazo con la muerte.
Ella es una blanca Beatriz, y , de pies sobre el creciente de la luna,
visitará la mar de mis dolores. Bajo su hechizo reposaré eternamente
y no lamentaré más la ofendida belleza ni el imposible amor.
(José Antonio Ramos Sucre).
Comienzo este espacio refiriéndome al poeta venezolano y universal, José Antonio Ramos Sucre, porque cada vez al volver el rostro hacia una re-lectura de sus poemas, trato de profundizar los abismos que lo atormentaron siempre. Mucho se ha escrito y aún se insiste, en que no se le dio el valor que tenía en el tiempo que le tocó vivir al poeta; pero si hacemos una lectura con detenimiento y análisis del libro=recopilación de Ensayos: RAMOS SUCRE, ANTE LA CRÍTICA, Monte Avila Editores, Caracas-Venezuela, l981; nos damos cuenta de que realmente no es asi. En este libro que es un homenaje rendido a Ramos Sucre, hay varios Ensayos que nos dan un retrato cinematográfico de la vida y obra del autor, por varios intelectuales venezolanos de una amplia trayectoria en el ámbito cultural del país, entre ellos Víctor Bravo, josé Balza, Juan Calzadilla, Oswaldo Larrazábal Henríquez, Francisco Pérez Perdomo entre otros muchos. Lo que sí queda claro es que no fue comprendido por la gran mayoría, y esto no es nada extraño ni en su tiempo ni en ninguno. Lo importante es que su palabra trasciende porque llega, porque nos estremece las fibras del ser: esa vida de solitaria sombra, con un insomnio feroz, insoportable, como lo fue también su vida para él. Era como esa sombra oscura y vacilante que llegaba del mar hacia una casa donde estaban alojados los fantasmas; la casa que se mecía de todos los recuerdos; esa casa que cobijaba su profunda tristeza. Ese erudito que vivía en "una ciudad apática y neutral"de donde tiene que alejarse porque cree que así ahuyenta a los fantasmas, a los insomnios, al fuego de la soledad y la tristeza, y se va, se aleja, va a Ginebra con un cargo de Diplomático de Venezuela en el Exterior, pero los fantasmas no huyen, se quedan, se alojan, no desaparecen y se agrupan dándole golpes secos al no dejarlo dormir por largos días, en los cuales crece la desesperación de una mente lúcida que temía perder la razón. Eran insoportables los tambores violentos del no sueño, y aquí o allá o adonde fuera, iban con él en su eterno y riguroso repicar. Y un dia aciago y muy lento, con plena conciencia de lo que iba a hacer, sin dudarlo, quizás desesperado y triste como siempre, con los disparos fuertes del viento, se acercó lentamente a la orilla oscura de la muerte y así fue como se bebió la vida, si es que a algunas vidas puede llamárseles eso, y no muertes eternas de las almas sensibles. Quizás, los que tuvieron la oportunidad maravillosa de conocerlo, tratarlo, sentirlo nos den un testimonio más cabal de lo que tanto vivió para la soledumbre, esta palabra de los solos, tan estrechamente vinculada a los poetas. Yo, como muchos ,me deleito en escucharlo, verlo ir y venir desde ese mar azulísimo hacia la casa cuando ya estaba el día amaneciendo, para buscar reposo en un sueño que se alejaba para siempre, un sueño que le rompería la vida ( y aquí habría una reinterpretación para la metáfora); un sueño que físicamente no llegaba porque era el insomnio que no se detenía y sólo quedó el mar, que tanto lo observó y que aún está recostado en el Oriente brillante de sol, brillante de luz y siempre suyo y nuestro, a la orilla de su ciudad natal: Cumaná que tanto supo de su desolación y su tristeza.
Teresa Coraspe
José Antonio Ramos Sucre
LA CIUDAD
Yo vivía en una ciudad infeliz, dividida por un río tardo,
encaminado al ocaso. Sus riberas, de árboles inmutables,
vedaban la luz de un cielo dificultoso.
Esperaba el fenecimiento del día ambiguo, interrumpido
por los aguavientos. Salía de mi casa desviada en demanda
de la tarde y sus vislumbres.
El sol declinante pintaba la ciudad de las ruinas ultrajadas.
Las aves pasaban a reposar más adelante.
Yo sentía las trabas y los herrojos de una vida impedida.
El fantasma de una mujer, imagen de la amargura, me seguía
con sus pasos infalibles de sonámbula.
El mar sobresaltaba mi recogimiento, socavando la tierra
en el secreto de la noche. La brisa desordenaba los médanos,
cegando los arbustos de un litoral bajo, terminados en una flor
extenuada.
La ciudad, agobiada por el tiempo y acogida a un recodo del
continente, guardaba costumbres seculares. Contaba aguadores
y mendigos, versados en proverbios y consejas.
El más avisado de todos instaba mi atención refiriendo la
semejanza de un apólogo hindú. Consiguió acelerar el curso
de mi pensamiento, volviéndome en mi acuerdo.
El aura prematinal refrescaba esforzadamente mi cabeza
calenturienta, desterrando las volaterías de un sueño confuso.
Copyright © 2004 Teresa Coraspe Ciudad Bolívar-Venezuela.
Tomado de: elsalvajerefinado.com/www.paradoja.net