Saturday, August 18, 2007

Dos poemas de Marié Rojas Tamayo (Cuba)

Cuando recibí estos poemas, decía el correo: sé que esto te va a gustar y quitarte un poco lo triste; indudablemente tanta comunicación, ¡tantas cartas! y de repente supe y no supe más de Marié. El rostro de Sarah sonríe desde cualquier colección de disquetes; esas fotografías que Marié disfrutaba día a día enviándolas a los amigos; con esa particular sonrisa y felicidad en medio de una ruptura de sueños; matices que la vida iba tejiendo. A finales de Diciembre, 2005, en mi viaje a La Habana la llamé, estaba enferma, nada grave y no pude visitarla, no era conveniente; estuve en el Taller de Artes Gráficas, y conocí al padre de sus hijos, en forma muy breve por cierto; guardo las cartas ,fotos, conversaciones como se conservan esos instantes de vida donde los sueños se hacen presencia a cada instante: sonreir en medio de la adversidad. Marié, ese enlace siempre dispuesto cuando se perdía la comunicación con los amigos; y ahora estos poemas para compartirlos con los lectores, si es que acaso venga alguno por aquí.
Teresa Coraspe.


ATARDECER EN LA HABANA

Cae perezosa la tarde
Sobre los tejados sin brisa de mi vieja ciudad,
Sumando su ritmo
A los compases que emanan del músico ciego.
Nadie se detiene a escucharlo,
Mas su música nos persigue,
Rincón tras rincón,
Como la muerte
Que marcha a su lado.
El sol, en su despedida,
Jugando una última broma,
Nos transforma en oro.
Por un instante somos mágicos
Frutos de la huerta del rey Midas.

El instrumento reluce,
Se hace parte del convite,
El músico es oscuro
Cual la noche que se avecina,
Como el universo que divisan sus pupilas,
Como las oquedades más recónditas del alma.

Cae el sol,
En abrupto descender a los abismos,
Besa el mar.
Siento el hervor del agua,
El siseo imperceptible del contacto de dos mundos,
Más allá de cualquier geografía.
El músico no sabe que,
A partir de ahora,
La oscuridad es la misma para todos:
Para él se ha hecho la luz,
Cuando una nota clara
Se eleva desde sus labios,
Gruesos y agrietados como fracturas en el tiempo.
Ascendiendo,
Enroscándose cual reptil,
Totalitario e implacable,
En cada uno de nosotros,
Más allá de muros, tejados y balcones,
Poseyéndonos en su magia
Acompasada,/ Suave,/ Lenta,/ Inevitable...

LUCES Y SOMBRAS

La Habana, cuando anochece /Es bella como nunca./ La noche habanera es especialmente cálida,/ Sus calles se tornan silenciosas,/ vacías,/ Mas si nos acercamos al mar, /La brisa nos trae voces de leyenda,/ Gritos de náufragos,/ Cantos de sirenas. /La Habana de noche,/ Cuando hay luz /Es una fiesta./ Es mi París, mi Londres, mi Venecia. /Es las farolas mortecinas,/ Los portales vigilados, /Los pasos sigilosos del ladrón de besos,/ Los anuncios donde siempre faltan letras /Iluminando tantas tendederas./ Es la alegría de estar vivos, /De celebrar sin tener necesidad de más pretexto que La música/ que escapa de una ventana, /Ensordeciendo el acelerado paso de las horas./ La Habana de noche, /Cuando no hay luz,/ Depende de las fases de la Luna./ Es mi reino encantado, Mi Nunca Jamás, Mi Oz, mi Ofir, Mi Vía Láctea,/ Sinfonía de sonidos en misterio, Pálidas luces en el interior de las casas, Provenientes de quién sabe cuántas velas, /La búsqueda del sueño que se niega a visitarnos/ Mientras las horas parecen detenerse. La Habana,
al caer la noche,
Entre luces o en penumbra,
Es salir a los balcones,
Con esa taza de café que nos compensa del cansancio,
Huyendo del calor,
A contemplar caminos trazados por estrellas fugaces
Olvidando casi siempre,
Que debíamos haber formulado aquel deseo:
A¡Por favor, Dioses que rigen mi destino, No me aparten nunca de ella!

Marié Rojas Tamayo

No comments: