Wednesday, July 11, 2007

RELATO DE ANDRÉS ALDAO (Desde el exilio en Maalot Tarshija)

LA FOTO DE LA ABUELA

(vendiendo pescado en el mercado callejero de Grodno)Arrellanado en el destartalado saloncito de la casa, tomó la caja con antiguas fotografías heredadas de los padres, auténtica reliquia de peinados, bigotes y barbas, vestimentas y poses extravagantes. Comenzó a repasarlas; a gratificar la sacrosanta beatitud de la fiaca, ese estado de catarsis tan rioplatense, tan grato a los sentidos y tan reparador al mismo tiempo. Tíos y tías que sólo conocía a través de retratos sepias desvaídos, rostros que alguna vez tuvieron expresiones cambiantes; hombres y mujeres que fueron parte del vivero humano y van perdiéndose en el anonimato del devenir. Contempla las fotos en las que aparece el padre, en su juventud, en pose solitaria, o con una caterva de amigos a cuál más siniestro. El viejo, como era habitual, asomaba estilizado aunque su nariz, partida en alguna pelea callejera de adolescentes, siempre lo cautivó. Sobre todo aquélla en la que aparece con un casquete militar y la estrella de cinco puntas, que anunciaban al resto del mundo que él era miembro del Ejército Rojo. Las fotos de los tíos y tías, primos. Y luego la del abuelo. Rostro tosco, de carrero. No era una cara agradable aun en la lejanía. Los hallazgos lo llevaron a recuerdos nostálgicos, al tiempo pasado. Siguió recorriendo los retratos. Una mujer de cara conocida, una cara sufrida. La mujer de la foto, parada en una calle vetusta de casas bajas y ruinosas, contemplaba la lejanía. Un delantal, un mantón, una canasta con pescado. Era la abuela paterna, de ojos tristes y rostro que le trae recuerdos. De pie, con un delantal cuyas tiras rodean el cuello, y sobre la pequeña plataforma una canasta con pescado que vende en las madrugadas. Con su viejo mantón tejido echado sobre la cabeza envolviéndole los hombros, el canasto de arenques y pescados ahumados a su lado, cayéndole una nieve albina, como copos recortados, que se esparcen sobre la helada de la aurora. El dulce rostro de la abuela, modelado por el cincel de las nieves y los vientos. Los ojos puestos en una mirada sin destinatario. Tarareaba en voz baja una antigua canción, una letra que seguramente aprendió de su madre, y de su abuela. Ofrece su mercadería con voz de lamento. Un lamento que es como un copo de lágrimas retenido por la fuerza de esa mujer menuda. Pasan como espectros figuras que vuelven de las tabernas, entre blasfemias y risas embravecidos por el vodka. El retrato de la abuela vendiendo pescado y arenques en el mercado callejero de Grodno. De pie, junto a su mercadería, contemplándolo desde esa foto sepia. La abuela que fue, la abuela que quiso besar, la abuela que le faltó... A la que sueña en sus noches sin abuelas. A la que asesinaron la noche parda del 23 de junio de 1941.

Andrés Aldao, 24 de diciembre, 2001

Datos personales
Escritor y periodista,vive en el exilio desde 1975. Edita la revista virtual ARTESANÍAS LITERARIAS, que cuenta con más de seis mil suscriptores y se difunde en países de América Latina, España, USA, Israel, Francia e Italia. Edita los blogs a fin de dar a conocer sus escritos literarios y políticos, publicar comentarios e informaciones para un público interesado en conocer la otra cara de la moneda. andresaldao@gmail.com

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