Sunday, March 09, 2008

Análisis de una realidad: la nuestra.



Barrera Tyszka, Premio Herralde de novela por su libro: LA ENFERMEDAD, donde la finalista fue la cubana Teresa Dovalpage...como información al lector. TC.



EL NACIONAL - Domingo 09 de Marzo de 2008
Siete Días/7

Siete DíasLa confesión de los traidores
ALBERTO BARRERA TYSZKA mailto:abarrera60@gmail.com
Por supuesto que sí: somos unos apátridas. No lo susurramos con vergüenza, además.No lo estamos diciendo en voz baja. Para nada. Más bien, lo gritamos, felices, orgullosos.Queremos que todo el mundo lo sepa, que se imprima, que se publique en el periódico este domingo. Apátridas. Es una esdrújula maravillosa, tan sonora. Tiene fuerza. Cada vez me gusta más. Apátridas. Eso somos. Eso queremos ser. No nos interesa para nada la patria del poder.Esta semana me quedó clarísimo. Escuché al canciller Maduro, oí con atención al ministro Rodríguez Chacín, asistí por televisión a la rueda de prensa que dio el Alto Mando Militar... Siempre sentí lo mismo. Es cierto. Tienen toda la razón. Su patria y la nuestra no son la misma. Menos mal que somos unos traidores.Porque, eso sí, somos –el término es de Norberto Bobbio– "traidores conscientes".Lo nuestro es a propósito, ex profeso, razonado, decidido, elegido. No pertenecemos, ni deseamos formar parte de la patria que Nicolás Maduro invoca cuando agita la venezolanidad y apela a nuestra herencia heroica, a nuestro destino de glorias guerreras. Todo nacionalismo supone un criterio de superioridad que no compartimos. Todo nacionalismo está fundado en el irrespeto, en la seguridad de ser mucho mejores que los otros. No escapa a ello, por supuesto, este nacionalismo bolivariano: una soberbia que –mezclada con la liquidez petrolera– produce una combustión infumable, una patria en la que no queremos reconocernos.No tenemos, ni queremos tener, ninguna relación con la patria del ministro Rodríguez Chacín. No nos interesa participar en esa historia donde se mezclan, por igual, la masacre de El Amparo, la mediación en secuestros y la facilitación para el canje humanitario de rehenes colombianos. Rodríguez Chacín incluso habla en un idioma foráneo, que no entendemos. En su boca, la palabra "camarada" es algo borroso, turbio, un signo indescifrable.Tampoco la patria del ministro de la Defensa se parece a la nuestra. No deseamos vivir en una patria sin debate, en una patria donde la fidelidad a una sola persona puede decidir el futuro de muchos muertos. Nuestra patria, por el contrario, está llena de dudas y no tiene todas las respuestas uniformadas. Cuando el general Rangel Briceño acusa de "antipatriota" a cualquiera que disienta, a cualquiera que no apoye la decisión del Presidente, en el fondo no hace más que aislarse, que reducir su pequeña patria. Ese Alto Mando Militar, dispuesto a acatar cualquier cosa, jugando a una guerra que no existe, parece por momentos un club de extranjeros. Tienen muy poco que ver con nosotros.Esta semana, el poder intentó imponernos el himno de la gran cruzada nacional.De eso se trata, justamente, de un himno. De una emoción. Irracional y devota. "El patriotismo es la menos perspicaz de las pasiones", escribió Jorge Luis Borges. Es cierto. No tolera las preguntas.No las resiste.Porque, ante la inadmisible acción del Gobierno colombiano en el territorio de Ecuador, la desmesurada respuesta del Presidente merecía, por lo menos, una pregunta. Por lo menos, una breve discusión. No la obediencia ciega con la que los apóstoles del poder se inclinan ante cualquier arranque del "comandante". Nosotros tampoco necesitamos una patria así. Nosotros preferimos una patria con cojones.A veces me gusta suponer que todo lo que dicen todos es verdad. Que son ciertas todas las acusaciones que se lanzan de un lado a otro. Y aun si eso fuera así, aun en el peor escenario, aun si Chávez en verdad financiara a las FARC, aun si Correa fuera cómplice de Raúl Reyes, aun si Uribe fuera un narcotraficante, un peón de los gringos que sólo se proponen expandir el Plan Colombia y sabotear la región; aun si todo esto fuera verdad, la reacción del presidente Chávez resulta inadmisible. Se comporta como si la patria fuera él. Ahí no cabe nadie más.Decretó sin consulta una guerra por televisión, convirtió una tragedia en un show mediático. Salió a defenderse de un ataque que no nos habían hecho. Salió en solitario a meterse en un conflicto ajeno, como bien lo han dejado claro, después, todos los otros países del continente.Pretendió protagonizar una guerra que no existe y, encima, quiso convertir esa batalla en un deber nacional.Su naturaleza militar lo delata. Su apuesta continua por la confrontación nos separa.Probablemente, se parece más a Uribe y a Bush que a nosotros. Por eso somos y queremos seguir siendo traidores. Nuestra patria no es la guerra.

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